Mi regazo de madre
Entreveo nebuloso y distante
mi regazo de madre,
rojo de sangre en los años
escabullidos de prisa,
rojo de tierra y de amor.
Era muy joven entonces
tenía impaciencia de vivir
y mi acerbo cuerpo sugería
vida a cada instante.
Me sentía rica, caminando
con paso descuidado, en el
mismo tiempo cuna de todo
los excesos.
En el embarazo dejé mi estrecha
crisálida y los días de mi
adolescencia.
Despacio crecí, abriendo mis alas,
pero ya tenía necesidad de soñar
con la poesía.
Empecé a escarbarme, y a subir
la vertiente que me caracterizaba,
analizar la melancolía que me invadía
y no solo en las tardes de invierno.
Mis hijos se convirtieron
en mi firme montaña, a veces
áspera y lejana.
Dueños de todo mi porvenir
y reyes de mi tiempo,
ellos son el camino
que vence la niebla y doma
los vientos, mi gran pasión
casi siempre correspondida
con avaros gestos.
No conozco otro refugio
que escribir, ahora que vivo
en la sombra de mis cimas.
Me persigue la miel
de un recuerdo antiguo,
abandonada a mi fiel presente,
cansada ya por muchas preguntas.
©
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